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16 marzo 2011

...Y Bailaron Felices Para Siempre.

Para responder a algunas preguntas atrasadas, las pinturas hechas en el IPhone fueron pintadas, algunas en la aplicación Sketchbook y otras, las más recientes, en la aplicación Art Studio. Ambas muy recomendables.

English: In order to awnser some recent questions, the Iphone paintings were done with the Sketchbook app and the Art Studio app. Both apps are highly recommendable.

02 septiembre 2009

Esta Calle

Minificción ya no tan nueva pero que se mantiene vigente.

29 marzo 2009

23 enero 2009

Palomas

Raymundo Villavicencio fue, por mucho tiempo, el hombre más alto de Santa Prosperidad Zicatrabapécuaro Mich.

La gente lo recuerda, no obstante, más por su inusual bondad con las palomas. Se recuerda que gastaba casi un peso en pan fresco que desmenuzaba finamente y repartía entre las aves todas las tardes después de salir de trabajar.

- Hay que desmenuzarlo fino -solía decir- de otra manera las palomas se atragantan o desarrollan problemas digestivos.

Hoy en día, en la plaza de armas de Santa Prosperidad Zicatrabapécuaro, se puede admirar la magnífica estatua vaciada en bronce que representa al llamado "Hombre de las palomas". El municipio ha decidido colocarla en la misma banca que ocupaba habitualmente don Raymundo y los lugareños han tomado por costumbre colocarle migajas de pan en las manos.

Las palomas, sin embargo, han perdido la costumbre de acercarse a comer.

16 enero 2009

El Cuadernito XV

Nota roja del periódico La Imprenta:

Macabro hallazgo en cuarto de hotel


Enero 16, Ciudad de México- En el cuarto 6 del hotel "Tres puertas", ubicado en la colonia centro, ayer casi a la una de la tarde, fue encontrado el cuerpo de un hombre ahorcado.

El cadáver, aún no identificado, fue encontrado colgando de una soga amarrada a una de las vigas del hotel cuando la camarista entró al cuarto para hacer la limpieza. El velador del hotel reporta haberle alquilado el cuarto al occiso y haberle visto con comportamiento sospechoso "andaba raro el señor, como todo achicopalado" (sic). El velador reporta, además, que el occiso alquiló el cuarto solo y que nadie entró al mismo antes que la camarista.

Por lo anteriormente expuesto, la policía tiene al suicidio como su teoría más probable y espera identificar al cadáver lo antes posible. Hasta el momento, la única pista que puede arrojar luz sobre la identidad del occiso, es la ropa interior donde se pueden ver claramente bordadas las inciales J.G.

Corresponsal: Higinio Chavarría.

15 enero 2009

El Cuadernito XIV

Levanto el aparato telefónico y marco tres números. Me detengo. Aborto la llamada con el índice y cierro los ojos. Últimamente se ha vuelto difícil acceder a mi memoria. Los números y los apellidos son las primeras víctimas.

Segundo intento. Después de un pequeño esfuerzo mental, marco los tres primeros números y luego, con soltura creciente, los siguientes cuatro. El teléfono llama una vez, dos, tres, nueve veces. Es una casa grande.

- ¿Bueno? -responde finalmente mi madre- ¿Bueno? -trago saliva antes de contestar.

- Hola mamá. Soy yo, Sergio.

- ¿Checho? ¿Checho María? ¿En verdad eres tú? -mi madre siempre parece sospechar que es un impostor el que le habla- ¿Qué pasó mijito? ¡Uy, qué milagro! Con razón está nublado, ¿cómo estás mijo? ¿todo bien?

- Todo está muy bien mamá -suspiro- en realidad, te llamo para avisarte que voy a ir para allá... a visitarte, por supuesto, pero, además, porque tengo que ir a Cuévano a investigar... algo, algo para un libro que tengo en mente y, con el cuál, de hecho, tú puedes ayudarme mucho.

- ¡Ay, Checho! sí serás vaciado, ¿en qué te podría ayudar una vieja como yo?

Explico someramente algunos detalles sobre mi próximo viaje y sorteo algunas preguntas sobre mi reciente divorcio. Mi madre queda encantada de lo primero y frustrada por lo segundo.

- Entonces aquí te espero mañana, mijito -me dice con tono conclusivo- te vienes con cuidado, no manejes muy rápido porque parece que va a llover. Adiós.

- No te preocupes mamá, nos vemos maña... -me interrumpe el característico tono tartamudo que me avisa que mi madre ya ha colgado el teléfono.

Decido hacer el viaje en mi automóvil. No es muy cómodo, pero es conveniente si se presenta la necesidad de transportar cajas o documentos. Betty se une al plan al ser imposible encontrar quién la cuide con tan poco tiempo de antelación. Lleno el tanque de gasolina a las nueve de la mañana y, aún con esa excitación habitual que se tiene cuando se aborda un nuevo proyecto, dirijo mi Fiat al noroeste.

Es casi la una de la tarde cuando diviso, a lo lejos, las múltiples torres de las múltiples iglesias que caracterizan a la ciudad de Cuévano. Es casi la una de la tarde. Es casi hora de comer.

14 enero 2009

El Cuadernito XIII

El maestro Renato Rivera-Reyes caminaba equilibrando una pila de libros por el pasillo 8-C de la biblioteca. Su equilibrio se adivinaba malo y su aspecto era el de una palmera azotada por un ventarrón.

-Un poco más a la derecha -pensaba- ahora, otro poco hacia la izquierda.

La palmera, al fin, fue derribada inexorablemente al final de la tercer estantería, justo en el cruce de las biografías con los almanaques de viaje. Derribada, no por el viento, por cierto, sino por el rodar constante del carrito empujado por la bibliotecaria. la pila de libros se desmoronó y los volúmenes se regaron por el suelo como dátiles.

-¡Qué barbaridad! -exclamó muy mortificada la bibliotecaria- Permítame ayudarlo.

-¡Oh! No se moleste -respondió el Maestro Rivera-Reyes- la culpa ha sido mía. No es sensato llevar tantos libros al mismo tiempo. Sobre todo, ya sabe, teniendo en cuenta mis pocos reflejos, ji, ji.

La bibliotecaria pareció no comprender y se arrodilló para ayudar al viejo a recoger los libros. Hizo esto por cortesía, cierto, pero, sobre todo, porque no soportaba verlos regados por la duela. De pronto, sus ojos se detuvieron en un volumen que yacía abierto boca abajo. Era este un libro rara vez consultado. La bibliotecaría lo conocía bien -Las Sonatas para Bandoleón de Francisco Tárrego -recitó con ensoñación mientras cerraba y recogía el libro.

-¿Le gusta la música de Francisco Tárrego a usted? -preguntó la bibliotecaria sin levantar la vista del libro.

-¡Oh! por supuesto, es uno de mis compositores favoritos -mintió el maestro Rivera-Reyes- aunque, sin duda, me gustan más sus piezas para banjo.

-¡Esas son mis favoritas! -respondió la, aún, joven bibliotecaria levantando la vista.

-Lo sé -pensó para sus adentros el maestro Rivera-Reyes, pero, en lugar de eso, respondió:

-¿Ah, sí? ¡No me lo diga!

-Es cierto -asintió, con alguna timidez, la bibliotecaria.

Era la bibliotecaria, una persona acostumbrada a vivir entre libros y, de alguna manera, a vivir a través de los libros. Tal vez por esta razón, jamás pasó por su mente que este incidente ridículamente novelesco podría estar planeado de antemano.

-Renato Rivera-Reyes para servirle. -sonrió el maestro mientras le tendía la mano- Mi oficio es la música.

-Mi nombre es Gloria -respondió la bibliotecaria tomando tímidamente la mano del maestro- Gloria Clemencia Aldaiturriaga.

-Lo sé -pensó para sus adentros el maestro Rivera-Reyes.

13 enero 2009

El Cuadernito XII

Para distraerse, Gloria leía, o, más bien, fingía leer una novela policiaca. En la opinión de Gloria, las novelas policiacas olían a tabaco picado. A tabaco picado con algo más.

...Mire señor Johnson, en verdad es muy curioso este caso...
Tal vez ha pasado muy poco tiempo, pero, ¿cuánto es suficiente? ¿un año? ¿dos? ¿diez?...la posición del cuerpo es de lo más singular...Por supuesto, el maestro Rivera-Reyes no es lo que yo llamaría un hombre guapo, pero es muy educado y culto...Los dos hombres se inclinaban sobre el cadáver que yacía frío y torcido sobre la silla inclinada... Además, tal vez Gregorio necesite a alguien y al maestro parece gustarle mi muchacho ...Su cuello se doblaba en un ángulo imposible contra una de las patas delanteras...

Gloria aderezaba su lectura con té verde. Un hábito adquirido.

Gregorio dormía hace una hora. Gloria fingía que leía. Fingía para si misma.

...Pero lo que más llamaba la atención a Joseph Bell era el fétido aroma que despedía la boca del cadáver. Una mezcla de tabaco picado y almendras amargas...Ha pasado casi un año. Al principio Gregorio me preocupaba, se le veía muy triste...El que ha hecho esto -declaró el doctor Bell- Quiere hacernos pensar que el profesor Burguer murió desnucado aquí, en esta silla...Ahora, más bien parece ausente...Pero la realidad es otra. Señor Johnson, el profesor Burguer murió envenenado, lejos, lejos de este lugar sin duda...

Las primeras notas de la Serenata en Fa sostenido menor, obra de Francisco Tárrego, se filtraron por la ventana interrumpiendo realidad y ficción con compases de 6/8. Gloria se sintió aliviada de ser interrumpida y, después de oler fugazmente las pastas del libro, se levantó para oír mejor el improvisado concierto.

Las pastas olían a tabaco picado. A tabaco picado con almendras amargas.

12 enero 2009

El Cuadernito XI

Si Gregorio pudiera, recordaría el horror que sintió al ver todos sus recuerdos calcinados.

Si Gregorio pudiera, recordaría que el terror lo enmudeció, que no pudo gritar, que sus cuerdas vocales se cerraron y que sólo pudo emitir un ligero y agudo zumbido, parecido al de un pequeño motor.

Si Gregorio pudiera, recordaría la cacofonía de pensamientos, la destrucción temporal, el miedo profundo.

Si Gregorio pudiera, recordaría el día en que la biblioteca ardió.

11 enero 2009

El Cuadernito X

Era ya pasada la medianoche y Johannes Galeanna, el famoso científico loco, había cruzado un punto sin regreso en "Memorias de mi futuro" la novela más reciente del Dr. Jose María Medel.

-Definitivamente, el Doctor Medel no es un escritor como todos -pensó para si el científico- Tuve mucha suerte en encontrarlo todavía y que me firmara un ejemplar, sí, tuve mucha suerte en llegar a tiempo.

Como era común, Johannes había perdido el sentido del tiempo y devoraba una tras otra las páginas de la novela. Cuando hubo dado vuelta a la página ciento sesenta y siete, alargó distraídamente la mano para tomar un sorbo del té verde que había servido para aderezar su lectura. Estaba helado.

Después de dejar la taza de lado, Galeanna consultó su reloj y se percató que habían pasado casi tres horas desde que había servido el té y se había tumbado en el sillón a leer. ¡Tres horas! ¡Qué curioso! -pensó- en el libro habían transcurrido más de ocho años. Eran ocho años en tres horas que a él le habían parecido cinco minutos.

-Ocho, cinco y tres- repitió por costumbre su mente científica y abrió de nuevo el libro. Página ciento sesenta y ocho.

Dos minutos y treinta y siete segundos después, un foco se prendió sobre el parietal de Johannes. La extraña coincidencia entre la realidad, sus pensamientos y el insólito contenido de la página ciento sesenta y ocho lo dejaron perplejo. Intoxicado por la emoción, se puso en pie de un salto y se dispuso a cruzar el Rubicón.

-¡Alea Iacta Est! -Exclamó teatralmente y se rió en solitario.

10 enero 2009

El Cuadernito IX

Cuando faltaban unos minutos para cerrar la biblioteca, Gloria se ocupaba en reclasificar meticulosamente los libros devueltos en el transcurso del día. De vez en cuando, cuando pensaba que nadie la miraba, Gloria contemplaba con admiración religiosa algún volumen al que le tenía especial aprecio y, discretamente, lo acercaba a su rostro para oler sus pastas.

Sin lugar a dudas, Gloria era la más eficiente encargada que había conocido biblioteca alguna. No solo la -aún- joven viuda amaba cada aspecto de los libros sino que, además, poseía la conveniente cualidad de ser una admiradora de la quietud.

El único sonido que Gloria disfrutaba tanto como para alejarla del silencio y la quietud a los que era adicta, era el sonido de la música.

09 enero 2009

El Cuadernito VIII

Después de crear el ambiente perfecto, consistente en una botella de cabernet, una silla cómoda, un paquete de los cigarrillos que me trajo Olga Sibuén de su viaje a Cuba y mi confiable máquina de escribir Remington; la hoja sigue estando en blanco y parece estar sentada ahí, en el rodillo de la máquina, aburrida. No es la única.

No estoy acostumbrado al bloqueo de escritor. Dejando de lado “Casimir de angora” (mi primer novela) mis dos siguientes novelas salieron con mucha naturalidad. Son demasiadas presiones, está la editora que no me deja en paz, las promociones, los adelantos, los críticos. Casi extraño cuando mi principal preocupación era el dinero.

“El dinero es redondo para que rode” recuerdo por una extraña asociación de ideas ¿Quién decía eso?, ¿mi tío Julio? No, mi tío Renato, es verdad, mi tío Renato ¡Qué gran tipo!, todo un bohemio, ¿cómo era esa otra que decía? ¡Ah sí! “Hay que tener lo que se deba aunque se deba lo que se tenga.” ¡Ja!

La idea me pega en la cabeza y me baja por el estómago. Es mejor ir temprano a dormir. Mañana empieza mi investigación. ¡Y pensar que, por un momento, consideré escribir una secuela de mi primer novela! ¡Ja!

08 enero 2009

El Cuadernito VII


-A ver Gregorio ¿Cuántas semicorcheas caben en un compás de 6/8? - Preguntó el maestro Rivera-Reyes.

Gregorio dudó un momento, estaba seguro que conocía esa respuesta ¡Si tan solo pudiera ver ahora su cuadernito! Su memoria fallaba demasiado últimamente. Hizo un esfuerzo y, por fin, contestó.

- ¿Doce?

- ¡Muy bien! - Asintió el maestro Rivera Reyes – Entonces dime, ¿cuántas corcheas con puntillo caben en el mismo compás?

Además de ser un músico destacadísimo, el maestro Renato Rivera-Reyes era un excelente profesor de música. A pesar de ello, Gregorio llevaba casi un año tomando clases de piano y se destacaba por una ausencia, casi total, de progreso. El joven Gregorio era un alumno que interesaba tremendamente al maestro Rivera-Reyes, quien no perdía la esperanza de que el chico aprendiera algo, no obstante su falta de talento.

- ¿Veinticuatro? – Respondió Gregorio sin estar seguro.

La respuesta estaba mal, y las orejas del maestro Rivera-Reyes se inyectaron de frustración. Dio una rápida ojeada al reloj de la pared y, después de un profundo suspiro, dijo:

- Gregorio, tienes que revisar y estudiar tus notas, si no, no llegamos a nada – Suspiró de nuevo - Puedes irte ahora, la próxima clase es el lunes. ¡Ah! Y, por favor, avisa a tu madre que iré por la noche a visitarla.

El maestro sonrió levemente al pensar en la sorpresa que había preparado para la noche. Después de todo, no cualquiera domina el banjo (se pronuncia banyo) en solo una semana.

07 enero 2009

El Cuadernito VI

Cuando faltaban unos minutos para cerrar la biblioteca, Gregorio decidió sentarse en un rincón apartado para escribir su nota diaria en el cuadernito que llevaba a todos lados.

Aunque Gregorio no lo recordaba, la idea de usar un cuadernito como diario había sido de su madre.

-En lugar de estar hablando tanto y haciendo ruido - Le dijo un día -apunta todo lo que quieras decir en este cuadernito y, cuando cerremos la biblioteca, me lo das para leerlo. - No costó trabajo convencerlo. Gregorio era, ya desde entonces, bastante sumiso.

A pesar del convenio con su madre, algo le decía al joven Gregorio que la nota de ese día en particular no debía ser leída por nadie más que por él mismo. Algo había de extraño e increíble en los hechos que refería su pluma esa tarde. No, decididamente no le mostraría el cuadernito a su madre esa tarde.

La nota diaria de Gregorio hablaba sobre su padre.

06 enero 2009

El Cuadernito V

A pesar de que ésta ha sido una de mis novelas menos aceptadas, he pasado ya varias horas firmando ejemplares. Mi mano derecha comienza a entumirse.

A últimas fechas se me ha ocurrido que el gran éxito de mi primer novela ha resultado –a la larga- ser más una maldición que otra cosa. Después de todo, la mitad de mis lectores solamente me conocen por mi primer novela, mientras que la otra mitad siempre me reprochan no haber vuelto a escribir algo con el mismo tema.

-¿Para quién va dedicado?- Me escucho preguntar mientras tomo el penúltimo ejemplar de la otrora magnífica pila de libros. Después de escuchar la respuesta, tomo aire y escribo de un plumazo la dedicatoria: “Para Johannes Galeanna, espero que disfrutes tanto leerlo como yo disfruté escribiéndolo”, La imaginación se me acabó hace una hora. Tomo un poco más de aire y, después de lamer la punta de la pluma, remato con: "Tu amigo, Dr. Sergio María Medel."

NOTA DE PRENSA:
El famoso novelista Sergio María Medel, galardonado y reconocido por su novela “Casimir de angora” estará presente para firmar ejemplares de su nuevo libro “Memorias de mi futuro”. Este evento se llevará a cabo en la librería Martin Luther King (José Mariano Moziño 118), el jueves 6 de enero a partir de la 16.00 hrs.

05 enero 2009

El Cuadernito IV

Johannes Galeanna, el famoso científico loco, manejaba su poderoso automóvil –invención de él mismo- a la máxima velocidad permitida por el motor y los embotellamientos. Tal vez así tendría una posibilidad de llegar a tiempo.

El tiempo era algo que interesaba vivamente a Johannes. Justo ahora, por dar solo un ejemplo, se lamentaba de haber perdido la noción del tiempo en su laboratorio, razón por la cuál, tal vez ahora no llegaría a la librería puntualmente para conocer al doctor Medel.

-¡Oh tiempo tirano que no entiendes de pasiones y dramas humanos! ¿A dónde te llevas nuestras acciones y recuerdos con tu implacable y eterno fluir?- Exclamó Johannes teatralmente y se alegró después de no tener a nadie cerca para presenciar su ridículo desplante poético. Johannes siempre había deseado ser poeta pero, al ser advertido que carecía totalmente de talento, se conformaba con estos pequeños desplantes que reservaba para sí mismo.

Johannes se rió una vez más en solitario y estacionó su poderoso automóvil frente a la librería.

-Justo a tiempo- pensó.

04 enero 2009

El Cuadernito III

-Eso es- Pensó con satisfacción el maestro Renato Rivera-Reyes después de interpretar con éxito la difícil Serenata en Fa sostenido menor de Francisco Tárrego. Llevaba solo una semana tocando el banjo (Se pronuncia banyo) y ya lo dominaba.

-Eso es- Pensó con satisfacción. No era para menos, El maestro Rivera-Reyes tocaba con soltura veintitrés instrumentos de cuerda, catorce instrumentos de viento y se defendía en más de un ciento de instrumentos de percusión, “Aún no acabo de dominar el güiro”, solía decir con modestia.

-Eso es- Pensó con satisfacción el maestro Renato Rivera Reyes al momento que guardaba el banjo en el estuche para después salir apresurado con rumbo a la casa de Gloria.

-Eso es- Pensó, una vez más al ver una luz prendida –Aún está despierta-.

03 enero 2009

El Cuadernito II

Desde que tenía memoria, Gregorio tenía por costumbre escribir diariamente los sucesos del día en un cuadernito que llevaba a todos lados.

El hecho de que Gregorio no tuviera recuerdos anteriores a los registrados en el cuadernito no tenía nada de raro pues, acostumbrado a registrar los hechos diarios, Gregorio había perdido la capacidad de almacenar recuerdos en su cabeza. Aparentemente –por lo menos para él- el cuadernito era más confiable.

Este sistema, sin embargo, tenía sus fallas, como la inconveniencia de perder grandes cantidades de recuerdos si los cuadernitos de años anteriores eran extraviados...o destruidos.

En todo esto pensaba Gregorio mientras escribía su nota diaria. Por fortuna –por lo menos para él- olvidó todo un segundo después de poner el punto final.

02 enero 2009

El Cuadernito I

Era ya pasada la media noche cuando Johannes Galeanna, el famoso científico loco, recibió el merecido premio por su trabajo de todo el día.

Casi incrédulo de su propia obra, Johannes examinó el tubo de ensaye. Un liquido turbio de color naranja se alojaba en el pequeño cilindro.

-Por fin.- Musitó y se dispuso a probar el invento en su propia persona.

Era lo que correspondía en casos como éste.